Una Esfera de Cristal
La madre acarició tiernamente a sus cuatro hijos, colocándolos sobre sus respectivas bases para que pasaran el día. El astro rey había comenzado hacía unos cuantos minutos, a cubrir con sus rayos esa parte del planeta, por lo que los habitantes se colocaban en los lugares más propicios para recibir la mayor cantidad de rayos ultravioleta y estar listos para el siguiente periodo nocturno. Los jóvenes eran los que más tiempo necesitaban recibir la radiación para tener la energía suficiente que sus actividades demandaban, mientras que los mayores dejaban transcurrir algunas horas del día hasta que los gases y el vapor que emanaban de todas partes al alcanzarse los casi doscientos cincuenta grados centígrados sobre la superficie, haciendo casi imposible cualquier actividad. Pocos eran los que continuaban activos tan sólo tres horas después de que todos los valles y montañas adquirieran ese insoportable tono rojizo.
- Cuéntanos un cuento - dijeron los chiquillos casi al unísono, - aunque sea tan sólo uno pequeño.
- No - contestó tranquilamente la madre, - ya es demasiado tarde.
- ¿Y si nos lees algún texto del libro sagrado? - preguntó una de las pequeñas esferas, aumentando su brillo un poco más.
- ¡El que trata de la creación! - exclamó otra de las esferas, alargando una rayo de luz cual si fuera una extremidad surgida en su parte superior.
¿Una historia del libro sagrado? - se preguntó la madre a sí misma, mientras que extendía dos haces de luz desde su perfecta esfera, las colocaba sobre la extremidad que había surgido del pequeño y acariciándola suavemente la regresaba a la esfera original. - Si prometen estarse callados y no moverse de sus bases se las leeré.
Los niños prorrumpieron en aclamaciones, pero a un gesto de la madre se colocaron de inmediato en el centro de las bases. La madre entró a las habitaciones cerradas, saliendo unos instantes después con un gran libro esférico que mostraba unas extrañas letras doradas. Se colocó en el centro de las pequeñas esferas y comenzó la lectura de las sagradas escrituras.
- En el principio no había nada, pero el espíritu de Nantú que ha existido por siempre lo llenaba todo. Un día Él decidió crear la materia. Colocó un punto de tamaño insignificante en el vacío y le infundió el soplo divino, este comenzó a crecer en la forma más perfecta del Universo, la esfera, dejando a su paso los planetas, las estrellas y las galaxias, todas ellas basadas en la misma figura perfecta de la creación.
- Nantú dejó transcurrir millones de años antes de observar el resultado de su obra, quedando satisfecho de todo lo que se había creado. Tomó una estrella y separó todos sus átomos, otorgándoles el don de la vida. Los lanzó en todas direcciones con la orden de que buscaran planetas y los llenaran de vida. Unos llegaron muy pronto a sus destinos, mientras que otros aún se encuentran viajando dentro de la inmensidad de la esfera que continúa creciendo día con día.
- El primer mundo en el que la vida se abrió paso fue el nuestro, comenzó con criaturas simples y sin inteligencia, después surgieron seres más elaborados y algunos destellos de inteligencia, para finalmente llegar a la figura perfecta de la esfera con una inteligencia superior. Nantú llamó a estos primeros seres Nentues, que quiere decir “Hijos primogénitos de Nantú”.
La madre miró hacia las esferas, dándose cuenta de que todas, excepto una, se encontraban dormidas. Cerró el libro y dijo: - Por hoy, es todo.
- Mamá - le llamó el pequeño. - ¿Quiere decir que en toda la gran Esfera existen otros seres como nosotros?
- Como nosotros ninguno - contestó la madre, - Nantú sólo quiso que un planeta adquiriera la forma perfecta de la esfera. Existen muchos otros mundos con vida inteligente, pero al no ser perfectos en su forma, tampoco son perfectos en su manera de ser.
- ¿Y porqué no hemos visto a ningún otro?
- En este libro Nantú nos los explica más adelante - contestó alzando las escrituras. - Nos está preparando para comprender a las otras formas de vida de la gran Esfera, si ahora tuviéramos contacto con ellos, no podríamos entender el porqué de su comportamiento. Existen algunos muy agresivos, otros muy temerosos así como algunos a los que parece no importarles nada de lo que suceda. Todos ellos con mucho menos ciclos de existencia que nosotros, por lo que no se nos comparan tecnológicamente. Eso nos asegura que los encontremos primero a ellos y no al contrario, ya que esto resultaría fatal para los planes de Nantú.
- ¿Y porqué Nantú no hizo a todos perfectos y con eso se quitaba de problemas?
- Ese es uno de los grandes misterios que sólo Nantú entiende, - dijo la madre alejándose lentamente, - por lo que nosotros no nos lo debemos de cuestionar, si Él quiere que algún día lo sepamos, ya nos lo dirá. Ahora basta de tantas preguntas y duérmete al igual que tus hermanos, tú eres el que más energía necesita para poner a funcionar esa mente tan imaginativa. ¡Buena carga!
¡Buena carga! - contestó el pequeño.
La esfera poco a poco comenzó a brillar cada vez más al acercarse a un estado de recepción total, mientras que su mente divagaba pensando en mundos diferentes al suyo, tratando de imaginar cuales serían las imperfecciones de sus seres y como afectarían sus acciones al esquema actual de la gran Esfera. El pequeño por fin brillo con toda su intensidad, poniendo término a todos sus pensamientos.
Merc.
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alanising dijo
Conmovedor... hasta hace pensar que las esferas tienen un mundo más interesante que el nuestro :)
Y a lo mejor así es.
saludos!!
30 Septiembre 2007 | 05:40 AM