Entre subir y bajar.....
- Madrina, buenas tardes - dijo el joven de 24 años a la anciana que le abría la puerta de la pequeña casa en la que se encontraba reunido un pequeño grupo de personas.
- Buenas tardes Alfonsito - dijo a su vez la aludida, - gracias a Dios que llegaste.
- ¿Cómo sigue mi padrino? - preguntó bajando la voz. - ¿Igual?
- Ojalá - dijo la mujer con un suspiro, - yo creo que ora sí ya está en las últimas.
- No la amuele madrina - y besándose la mano en la que previamente había formado la señal de la cruz agregó: - Le juro por esta que ayer lo vi un poco más repuesto.
- Lo que pasa es que eres muy optimista mi niño - le contestó la mujer con una sonrisa. Y dirigiendo la vista hacia un hombre vestido de cura le dijo: - Mira allí en la esquina. El padre Manuel llegó desde temprano, pero nada de que tu padrino lo reciba. Estoy bien angustiada de que si no se confiesa se vaya directito al infierno.
- No llore madrina - la consoló al ver que la mujer colocaba un pañuelo sobre sus ojos, - déjeme echar una platicada con mi padrino y ahoritita me lo convenzo. Usted aguánteme nomás tantito.
- A ver si a tí te hace caso - repuso moviendo negativamente la cabeza, - está de un genio de los mil demonios. Hubieras visto la gritería que le metió a doña Carmen. La mujer está toda desconsolada.
- No se me preocupe - dijo dándole un fuerte abrazo. Se dirigió a la habitación del moribundo, mientras pensaba: "También cómo se les ocurre enviarle a esa cacatúa a mi padrino, si ni siquiera soportaba sus sermones cuando estaba sano. ¡Qué caray! ".
El moribundo levantó un poco la cabeza en cuanto oyó el rechinar de la puerta y con unos verdaderos ojos de pistola examinó al visitante.
- Si te mandó la bruja de mi esposa con la idea de convencerme de que reciba a ese ratero con vestidito aquí en mi cuarto, te puedes ir mucho al diablo - le gruñó.
- Órale padrino -exclamó con gesto de sorpresa - se ve que ya lo tienen hasta el copete con el rollo ese de la confesada. Tranquis hombre, tranquis, ya ve que a mí eso de la religión me viene valiendo guango. Yo al que vengo a ver es a usted padrino.
- Es que te juro que ya no pueden dejar ni morir en paz a uno, caray. Toda mi vida me la pasé criticando eso de las religiones, los dioses y no sé qué tantos inventos más, y ahora me salen con que tengo que arrepentirme de todo lo que dije al final de mi vida. Por mí pueden esperar sentados.
- ¿Oiga padrino, de veras se está muriendo o nomás se anda haciendo el remilgoso? - preguntó Alfonso sabiendo de antemano que los médicos les habían advertido de la gravedad de su enfermedad.
- No te hagas el ingenuo - exclamó, tratando de enderezarse un poco - si tuviera tantitas fuerzas, ya estaría en la cantina y no en esta casa convertida en morgue. Mejor estaría con buitres que con esa runfla de desgraciados que sólo esperan a que me lleve la huesuda. - Lo último lo gritó a todo pulmón para que lo oyeran afuera del cuarto.
- Bájele padrino - dijo riendo Alfonso. - ¿Y no le da miedo develar el gran secreto?
- ¿El gran secreto? - preguntó extrañado el moribundo. - ¿Andas fumando algo raro o qué bicho te picó?
- No se haga el que no entiende padrino. La respuesta a qué hay detrás del telón, qué hongo con la otra vida, el purgatorio, el infierno, el cielo o lo que venga del otro laredo.
- Te digo que estás pacheco. Te mueres y punto, toda esa perorata del de la sotana es puro rollo y cuentos de viejas. A mí el chamuco me viene haciendo los mandados.
- ¿Y qué tal si hay algo, eh? - preguntó alzando las cejas Alfonso. ¿Qué haría si cerrando los ojos no se le apagan las luces?
- ¿Las luces? - dijo nerviosamente el anciano - Andas mal ¿Cómo crees que va a pasar algo?
- ¿Y qué tal si pasa, eh? - preguntó Alfonso pensativamente. - Imagínese que le llegara un tipo onda rara y le dijera algo... no sé... cualquier cosa. ¡Bienvenido al cielo! O a lo mejor ¡Este es el lugar del descanso eterno, pase por sus alitas y su arpa! O quién sabe, algo como ¡Usted no está en la lista de los buenos, paso libre al infierno y bajan! - Esto último lo dijo simulando la caída con su mano.
- Ya cállate Alfonso, me estás poniendo nervioso.
- Pus no se preocupe padrino, al fin de cuentas el gran secreto se le va a develar dentro de muy poco.
- Ta cañón - dijo pensativo el viejo. - Ya en serio ¿De veras tú crees que haya algo... allí del otro lado?
- Lo que yo crea no importa padrino, a mí me falta mucho tiempo para preocuparme de eso. O al menos eso espero.
- Tú qué dices, ¿he sido buena persona? - continuó el convaleciente con la vista fija en el techo y tronándose los dedos, - es decir, si tuvieras que escoger entre mandarme arriba o, este... allá abajo ¿Qué decidirías?
- Pues... la verdad padrino... creo que anda un poco cojo en lo de ganarse el cielo, ¿no?.
- Chin, pues sí - afirmó en un susurro.
- A lo mejor la confesada esa le ayuda un poco, pero no sé......
- ¡Pues yo tampoco sé! - exclamó ya muy nervioso el anciano. - Y no me la voy a jugar corriendo el riesgo. Dile al pend..., este, al padrecito Manuel que pase por favor. Avísale que quiero confesarme.
- Como usted mande padrino, toda precaución nunca es poca ¿Verdad? - Y con una sonrisa salió de la habitación.
Merc.



Irma Ofelia dijo
Mmmmmm... ¿El moribundo eras tú Mercuchis?... Se me figuró, pero se me hace que lo convencieron muy rápido y tú eres re'difícil, por no decir terco jejeje... Besitos
P.D: Hoy es mi cumple ;)
20 Mayo 2011 | 12:22 AM