Un universo...
Estamos en un universo con miles de millones de estrellas. Muchas.... muchísimas de esas estrellas seguramente contengan mundos con algún tipo de vida, incluyendo vida inteligente. Pero para la humanidad, hasta el día de hoy cuando menos, cualquier tipo de vida conocida sólo se encuentra en nuestro planeta. Puede ser que en el futuro lo anterior cambie... pero nosotros únicamente podemos saber del presente y el pasado. Olvidemos leyendas, teorías y demás... desechemos videntes, iluminados y a aquellos que se dicen contactados por seres extraterrestres... hagamos de lado religiones, supersticiones y creencias místicas. Cualquier tipo de vida vegetal o animal, surgió en este planeta... la más antigua de las bacterias, el más enorme de los árboles, la más delicada forma de vida. Por lo que sabemos, somos la única especie inteligente que puede darse cuenta de lo que lo rodea y su pasado. Los únicos que podemos atisbar hacia lo más pequeño y comprender lo maravilloso de las moléculas, los átomos y las partículas subatómicas... los únicos que sabemos del mundo que habitamos, la luna, los planetas, las estrellas, las galaxias y del universo. Realmente con todo este conocimiento el vivir es un privilegio único.
..el amor, aprendido primero en los ojos de una dama, no sólo no vive encerrado en el cerebro, sino que, con la movilidad de todos los elementos, se propaga tan rápidamente como el pensamiento en cada una de nuestras facultades y las infunde un doble poder, multiplicando sus funciones y sus oficios. Añade a los ojos una segunda vista de valor inestimable. Los ojos de un enamorado penetran más que los del águila; sus oídos perciben el murmullo más ligero, que escapa al oído receloso del ladrón; su tacto es más fino, más sensible que las tiernas antenas del caracol en su concha en espiral; su lengua, más refinada que la del goloso Baco. Y en cuanto a su valor, ¿no es Amor un Hércules, encaramándose de continuo a los árboles de las Hespérides? Sutil como una esfinge; tan acariciador y musical como el laúd del brillante Apolo, que tiene por cuerdas sus cabellos. Cuando habla el Amor, enmudecen todos los dioses para escuchar la armonía de su voz. Jamás poeta alguno osó tomar la pluma para escribir, antes que a su tinta se mezclasen las lágrimas del Amor. ¡Oh! Entonces es cuando sus cánticos embelesan los oídos más duros e infunden a los tiranos una dulce humildad. Tal es la doctrina que extraigo de los ojos de las mujeres, que centellean siempre como el fuego de Prometeo. Ellas son los libros, las artes, las academias; que enseñan, contienen y nutren al universo entero. Sin ellas nadie puede sobresalir en nada.



magaterrenal dijo
Pásala para andar iguales!
24 Junio 2011 | 09:31 PM